Fukushima: la importancia de los protocolos de actuación en una crisis

Que el papel del Organismo Internacional de la Energía Atómica en la crisis de Fukushima Daiichi fue crucial para el desarrollo de la misma es poco menos que plausible. Que tomó la iniciativa de la gestión internacional del desastre ante la ineficacia (o la poca predisposición, pese a ser una de sus funciones) de las autoridades niponas es más que evidente. Y que sin su reacción, lenta pero al fin y al cabo reacción, la población mundial hubiera estado aún más desinformada y perdida durante las primeras semanas, también es innegable. Pero, ¿cómo transcurrieron los acontecimientos? ¿Qué hoja de ruta se siguió para reconducir la situación?
Como comentaba, la actuación fue lenta; tardía. Se activaron los protocolos de actuación con cierta celeridad, los dirigidos a la seguridad nuclear en sí misma. Sin embargo, no ocurrió lo mismo con la información pública; con la gestión informativa de la crisis. Se tardó una semana en que el máximo dirigente del OAEA se desplazara al lugar de los hechos, cuando la situación superaba la barrera de la ‘gravedad’. Los expertos independientes (cito en cursiva porque muchos no consideran los técnicos del organismo internacional como tal) visitaron la zona afectada varias semanas después del suceso. En definitiva, durante los primeros momentos de la crisis muchos tuvimos la sensación de que trataban de ocultar la verdadera gravedad del trágico accidente.
Cierto es que pasados unos meses el organismo reconoció los errores cometidos en materia de seguridad nuclear, transparencia y rigor informativo, y trasladó a la sociedad su postura de trabajar para que la lección aprendida en Japón sirva para evitar más fallos en el futuro. Las intenciones son tan buenas como necesarias; solo falta que se apliquen cuando sea necesario. Ya están sobre el papel, y los países con órganos reguladores en materia de energía nuclear conocen las bases de lo que se debe hacer. Ahora hay que llevarlas a la práctica para que no se escuchen de nuevo términos como ‘ocultar’, ‘mentira’, ‘desinformación’ o ‘manipulación’. Estos mismos que han acompañado a la crisis de Fukushima desde su eclosión.
Breve reporte de las acciones y posturas más destacadas:
11 de marzo, el incidente. Se produce un terremoto de escala 8,9 con epicentro en el océano Pacífico, a unos 100 km de la costa de Japón, con una segunda réplica de 7,4 grados Richter. Estos temblores desencadenan un tsunami (con olas de hasta 10 metros a 500 km/h) que arrasa las poblaciones más próximas al mar.
El agua alcanza la central nuclear de Fukushima Daiichi, por lo que gran parte de sus reactores, que no están preparados para este tipo de incidentes, quedan gravemente dañados. Se produce la primera alerta nuclear.
Entra en juego el OAEA. El Organismo Internacional de la Energia Atómica (OAEA) recibe el aviso del terremoto en Japón por parte de la US Geological Survey, en el que se destaca la posibilidad de una afectación en las plantas nucleares de la costa japonesa. El Centro de Incidentes y Emergencias del OAEA activa los protocolos de actuación ante una previsible crisis nuclear.
Apoyo internacional. Los expertos del OAEA ofrecen asistencia al gobierno japonés. Del mismo modo, los estados miembros del organismo internacional facilitan apoyo técnico a las autoridades, coordinándose con el OAEA. Durante esas primeras horas se realizan los primeros informes y una paulatina actualización de los acontecimientos tanto a los estados miembros como a las organizaciones internacionales, medios de comunicación y público en general. Los mensajes son poco claros y se contradicen con algunas voces que aseguran que la situación es más grave de la que exponen las autoridades competentes.
Se declara la emergencia nuclear. TEPCO, la compañía eléctrica que gestiona la central nuclear de Fukushima Daiichi, declara la ‘Emergencia Nuclear’. Debido a los daños ocasionados en los reactores, se plantean diversas hipótesis. Se teme una posible fuga radioactiva.
12-13 de marzo, primeras evacuaciones. Se toman las primeras medidas. En concreto, se evacúa a toda la población que reside a un radio de 3 kilómetros de la central. En un radio de 10 km se aconseja buscar refugio fuera del hogar o quedarse en él hasta nuevo aviso; horas más tarde se amplía a 20 km.
18 de marzo, primera visita a la zona afectada. El director general del OAEA se reúne con el primer ministro japonés y otras autoridades oficiales en Tokio para garantizar que el organismo y la comunidad internacional están trabajando para Japón. En el encuentro acuerdan acelerar el flujo de información entre los organismos para que la respuesta internacional sea más afectiva.
Primeros análisis radiológicos ‘independientes’. El equipo técnico del OAEA realiza el primero de los cuatro controles radiológicos, para ayudar a la validación de los registros llevados a cabo por las autoridades japonesas.
26 de marzo, medidas en seguridad alimenticia. Se analiza los productos para detectar los riesgos de contaminación. Se activan las primeras restricciones.
Abril, revisión del área de evacuación. Se evacuan unas 160.000 personas residentes en un radio de 30 km de la planta de Fukushima Daiichi.
Inspección en la zona de expertos del OEAE. Primera visita in situ de un equipo experto en reactores del OAEA, durante la cual se pusieron en contacto con los ingenieros y miembros de seguridad que trabajaban en la zona.
17 de abril, elaboración de la primera ‘hoja de ruta’. TEPCO anuncia un detallado ‘Plan de trabajo para la restauración de la planta de Fukushima Daiichi tras el accidente’.
20 de junio, declaración conjunta del OAEA sobre seguridad nuclear. Los estados miembros del organismo internacional se reúnen en Viena para debatir sobre las primeras lecciones aprendidas durante los primeros meses del desastre nipón. Del mismo modo, plantean las bases para el desarrollo de un plan de actuación en futuros casos. Algunos de los puntos que se debaten son:
  • Mejorar la capacidad de preparación y de respuesta en casos de emergencia.
  • Fortalecer la efectividad de los organismos nacionales de regulación.
  • Potenciar los ámbitos de la educación, la formación y el entrenamiento en seguridad nuclear a nivel regional, nacional e internacional.
  • Mejorar la transparencia y la efectividad de la comunicación y el flujo de información.
Noviembre, adaptación de los Estándares de Seguridad. Japón es el primer país en implementar la nueva metodología revisada por el OAEA para detectar y evaluar vulnerabilidades en la seguridad de las centrales nucleares. El organismo se da cuenta de la importancia de prepararse a consciencia ante desastres naturales como tsunamis, huracanes o terremotos. Por ese motivo, revisa y actualiza sus protocolos de actuación para la aplicación en todos los estados miembros.
Hace unos días, el director general del OAEA, Yukiya Amano, explicó ante los medios de comunicación: “Sabemos qué hicimos mal en la crisis de Fukushima Daiichi. El accidente se causó por un descomunal terremoto y el posterior tsunami, pero hubo fallos humanos y de gestión. Esto se está teniendo en cuenta en Japón, donde están reorganizando su sistema de regulación nuclear. Se están aprendiendo las lecciones […] y por eso se están revisando todos los aspectos en materia de seguridad”.
Creación de un nuevo órgano regulador en Japón. Su objetivo es la unificación de las funciones en una sola institución que aborde la complejidad de la energía nuclear; mejorar la gestión de las crisis; fomentar la transparencia, la formación y desarrollar un nuevo marco reglamentario.
Mejorar la comunicación con los afectados. Es vital en cualquier situación de crisis, máxime cuando hay una afectación directa en la población, que la comunicación sea eficaz. De esta manera se informa con un mayor rigor a las personas afectadas mientras dure la crisis. Por este motivo, el OAEA activó el Sistema unificado de intercambio de información en incidentes y emergencias, con el propósito de mejorar la comunicación con los estados miembros del organismo y otras instituciones internacionales (y así llegar mejor a la población).
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Una respuesta a Fukushima: la importancia de los protocolos de actuación en una crisis

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